¿Llega un tiempo de bonanza económica tras el duro golpe de la pandemia?

Estudios de expertos y organismos internacionales se han estrellado una y otra vez contra la realidad al hacer predicciones sobre los efectos económicos de la pandemia. Incluso a corto plazo. Por ello, poner las luces largas para aventurar lo que viene es algo parecido a lanzarse al vacío teniendo una vaga idea de lo que hay debajo. Los grandes traumas del siglo XX proporcionan pistas halagüeñas. A la Primera Guerra Mundial le siguieron los felices años veinte —que acabaron con el sonoro derrumbe de la Gran Depresión—, y a la Segunda, una nueva edad dorada del capitalismo y la creación de los modernos Estados de bienestar. Ese patrón, de largos periodos de bonanza poscrisis, se ha repetido este siglo parcialmente: Estados Unidos encadenó 10 años de crecimiento ininterrumpido tras la Gran Recesión y sus Bolsas rondan máximos, pero su socio europeo tardó mucho más en recuperarse. En medio del huracán, con la pandemia aún por vencer, resulta complicado ver el horizonte despejado. La pregunta es, ¿hay razones para pensar que el mundo poscovid traerá otros felices años veinte como los que en el siglo pasado sucedieron a las ruinas humeantes de la Primera Guerra Mundial y los millones de muertos de la mal llamada gripe española?

Lorenzo Codogno, economista y exsecretario del Tesoro italiano, cree que la clave está en la calidad del gasto y las reformas. “Sin duda, es posible ver una década de recuperación económica. Después de episodios pandémicos o eventos impactantes en el pasado, siempre ha habido un período de recuperación. Dependerá de la calidad de la inversión. De cómo se hace uso de la deuda, que pagarán las generaciones futuras. Si el gasto no mejora la productividad y el crecimiento potencial, dejará solo unos pocos años de crecimiento superior a la media y luego todos los problemas resurgirán de golpe”, advierte.

Cada amenaza futura parece tener su reverso positivo. La deuda se ha disparado, pero su coste nunca ha sido tan bajo gracias a la acción de los bancos centrales. El cambio climático trae fenómenos meteorológicos cada vez más adversos, pero ha impulsado el desarrollo de una nueva economía movida por energías renovables y progresos como el coche eléctrico. También cada avance tiene su lado negativo: los fondos europeos proporcionan una nueva palanca para desatascar la recuperación, pero está por ver si se usan como un parche para contener las goteras o propician una verdadera transformación. La robotización hará ganar productividad, pero el uso de máquinas para hacer el trabajo que ahora realizan personas generará desempleo. El comercio electrónico crece con fuerza, pero sus agresivas políticas de precios y entrega inmediata están dejando una creciente ristra de cadáveres en el pequeño comercio. Y los precios de la energía se mantienen bajos, pero se desconoce por cuánto tiempo.

Ángel Talavera, economista jefe para Europa de Oxford Economics, no cree que estemos ante el comienzo de una década particularmente boyante para la economía. “Soy de la opinión de que una vez la enfermedad haya desaparecido vamos a ver en algún momento un gran empujón de la demanda debido a los recursos embalsados disponibles, pero creo que será algo temporal. No veo mecanismos por los cuales esto vaya a empujar toda una década de crecimiento. Sigue habiendo factores estructurales, como la demografía o lo que parece una tendencia secular de estancamiento de la productividad, que hace más probable que en las economías avanzadas el crecimiento siga siendo relativamente modesto”, augura. (Con información de ElPais.com)