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Testigos privilegiados de un viaje secreto de película

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La llegada a la playa de Key Biscayne de nueve cubanos en un precario bote de latón, empujado por un viejo motor de tractor soviético, nos hizo esta semana testigos privilegiados de la tragedia que a diario pasan miles de hombres y mujeres en Cuba que deciden lanzarse al mar para buscar otra vida fuera del país.
No se recuerda en épocas recientes la llegada de balseros cubanos tan cerca del downtown de Miami y a la vista de tantas personas que desde los balcones pudieron presenciar el momento cúlmine del arribo, la alegría de ver el plan cumplido. y la esperanza abrirse hacia un nuevo futuro.

Este ya histórico viaje durante 10 días, que culminó con un final feliz, tuvo todos los condimentos de una historia de película, narrada por los propios protagonistas que pudieron contarla, a diferencia de muchos otros que mueren en el intento.
La travesía fue planificada por un grupo de vecinos y amigos de Camagüey.
En secreto pusieron en marcha el plan. Construyeron el bote con latones de cubos de basura soldados, y consiguieron un antiguo motor de tractor LADA soviético para la propulsión. El grupo era Inicialmente de 14 personas, pero finalmente quedaron 8. El el día antes de partir fueron a buscar a Rene Morales,un hombre de 53 años con conocimiento de navegación, y que sería el encargado de trazar la ruta y llevarlos a destino.
René estaba sin trabajo y quería irse de Cuba. Aceptó el desafío de conducir el bote y mantuvo el estricto secreto sobre el viaje para evitar que fueran detenidos antes de partir.
“Tengo dos hijos de 16 y 21 años, pero no supieron que me iba. Recién se enteraron cuando me vieron en las noticias que dio la televisión cuando llegamos”, conto René. El hombre mostró hasta qué punto deben mantenerse en Cuba las cosas ocultas para que no se enteren los informantes gubernamentales: ni a los hijos le contó su plan de escape.
“Asi hay que hacer las cosas allá, en secreto, para que puedan hacerse”, contó en un diálogo con periodistas.

Antes de partir habían recolectado bastantes provisiones para el viaje, como latas de conservas, galletas y agua.

Morales usó libros de texto de geografía para trazar la ruta a Miami. Partieron una madrugada, aún en la oscuridad de la noche. A las 3 de la mañana el grupo zarpó con su balsa desde la Bahía de La Gloria, en la costa al norte de Camagüey.

Morales no trajo la embarcación directamente a Miami, porque se encontró con otros barcos que sospechaba eran de la Guardia Costera de Estados Unidos y podían detenerlos.
Evadió los controles ocultando la embarcación improvisada entre los matorrales de pequeños islotes.
El cruce es muy peligroso, por las fuertes corrientes que surcan el Estrecho de Florida, pero el peligro no los detuvo. A excepción de una noche donde el mar se embraveció, la mayor parte del tiempo el agua estuvo en calma, contó.

José Fuentes, otro de los integrantes del grupo, dijo que antes de zarpar fueron instruidos por un amigo que ya había intentado pisar tierra en Florida en tres oportunidades, pero que siempre fue interceptado por el Servicio Guardacostas en alta mar.

“Nos mostró por dónde debíamos navegar, nos ayudó a armar el bote y nos dio varios consejos. Iba a venir con nosotros, pero un día antes se arrepintió”, relató.
Aunque José agradeció a Dios por haber terminado el viaje sano y salvo, exhortó a sus compatriotas, desesperados por salir de Cuba, a no correr el peligro de cruzar el Estrecho de La Florida.

“A mis hermanos cubanos, no les recomiendo que salgan de la isla en bote. Tenemos amigos que, tras varios meses, aún esperan por alguna noticia de sus familiares que se lanzaron a la mar y tal vez más nunca vuelvan a verlos”, sostuvo.

El momento de mayor peligro fue en el último tramo del viaje. En medio de una tormenta de viento e intensa lluvia, un inmenso barco cargado de contenedores avanzaba en dirección a la endeble balsa de los cubanos.

“Pensé que iba a chocar contra nosotros y hundirnos”, recordó Morales.
En ese momento el hombre estalló en llanto. “Disculpen”, dijo. “Pero estuvimos cerca de la muerte”.

El motor del bote estaba apagado y estaban viajando a vela, pero apenas avanzaban.
“Gracias a Dios de pronto el mar se enfureció y sopló más el viento y nos dio impulso suficiente para salir”, dijo Morales.

Tras superar ese último peligro el bote avanzó hacia la costa de Key Biscayne. Los nueve cubanos saltaron de la balsa y corrieron por la playa. Habían logrado el objetivo. Casi milagrosamente. Y podían sentir el orgullo de quienes se lanzan con coraje a buscar un cambio del destino.
‘Felicidades”. “Bienvenidos a tierra de libertad’”, les gritaron desde varios edificios frente a la playa donde muchas personas presenciaban en directo y sin poder creerlo el final feliz de la travesía.

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