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Santa no existe! ¿Deberíamos decirlo?

La pregunta es tema de conversación cada año entre padres: ¿Deberíamos decir la verdad a nuestros hijos sobre Santa Claus?
“Es bueno que cultiven su imaginación, que disfruten de esta etapa de fantasías”, creen unos.
“No decirles la verdad es deshonesto. Después de todo, se trata de pura conveniencia para quienes fomentan el consumo”, se quejan otros. Y sin demora un día les dicen: “¿Sabes qué niño?. No existe! Son tus papis, tus abuelos, tus tíos quienes te traen regalos en la Navidad”.
“No se trata de una verdad tan cruda al final, no?”, coinciden todos.
La cuestión sobre la conveniencia de mantener en pie o no la idea de la visita cada año de este señor de las nieves ha sido debatida por décadas, sin que se llegue a una conclusión tajante. Especialistas en desarrollo infantil señalan que muchos niños se aferran con firmeza a la existencia de Santa Claus y puede resultarles duro enterarse un día la verdad.
La escuela es por lo general el lugar donde muchos de nuestros hijos comienzan a sospechar luego que escuchan versiones de otros compañeros.
Los expertos recomiendan que si un hijo pregunta e insiste con la duda es mejor decirle la verdad y demostrar una actitud honesta.
Si está triste por la noticia, hay que consolarlo pues para algunos niños enterarse de que Santa no existe es como haber perdido un amigo, afirman los especialistas. Y recomiendan utilizar la ocasión como algo positivo para motivar a los hijos, y explicarles que Santa es un símbolo de generosidad y que ellos también deben dar y regalar a los demás.
Para los que quieren ir a fondo con la verdad del asunto, pueden contarles a sus hijos sobre el origen de este personaje.
¿Quién es entonces Santa Claus? Es una figura que recuerda a un hombre real: San Nicolas de Bari, un sacerdote muy generoso que hacía regalos a los niños. La historia cuenta que en su época las mujeres para casarse tenían que tener dote y un hombre estaba triste porque no podría casar a sus hijas porque era pobre y no tenía dote para darles. Una noche San Nicolás le metió dos sacos de dinero por la ventana y el hombre pudo casar a sus hijas. De ahí nació la historia de San Nicolas repartiendo regalos en la medianoche.

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