Relatos

Regalos

Christmas-time

POR ANA GONZALEZ

Diciembre suele presentarse veloz en mi historia, son tantas las actividades dentro de sus días festivos a las que he de aunar las celebraciones de los cumpleaños de todas las mujeres de mi casa, incluyendo el propio.

Me agobia el consumismo, pero al mismo tiempo entiendo y me emociona celebrar con algún regalo el aniversario de la llegada al mundo de mis adoradas hijas.

Los regalos tratan de representar físicamente el cariño que tenemos y la importancia que representan las personas a las que obsequiamos. Sin embargo, la mayoría de los regalos quedan en el olvido, son pocos los que conservamos y los que sabemos cuándo y de quien recibimos. Tal vez, las circunstancias, el lugar y específicamente el momento en que los recibimos queda grabado en el corazón cuando éstos fueron instantes llenos de emoción y amor.

Emoción y amor que no produce la cosa en si, sino el sentimiento que transmite la persona que nos regala.

Tal vez los seres humanos hemos perdido la capacidad de sorprendernos unos a otros y nos volcamos a las cosas para remover sentimientos de cariño.

Las fechas conmemorativas son ideales para ser celebradas con algún regalo físico que refleje la importancia del evento. Hay objetos que traen consigo un valor sentimental que no se compara con su valor comercial.

Sin embargo, las navidades se vuelven cada vez más un enajenamiento comercial en el que las personas terminan comprando por comprar, aunque su impulso inicial haya sido regalar algo que haga sentir especial a la persona regalada.

A lo largo de los años me doy cuenta que las cosas, aunque son parte importante de nuestra vida quitan valor a las manifestaciones de cariño, pues encuentro imposible que este cariño; tan intangible, tan grandioso y real se represente en alguna envoltura, en un par de zapatos, incluso en alguna joya.

Desde hace muchas navidades he descubierto que el verdadero sentido de la temporada está en hacer algo por alguien, por quien por lo general no hago nada el resto del año.

Mi familia tiene mi amor y mi servicio incondicional, el fruto de mi trabajo, mi tiempo, mi esfuerzo y mi dedicación están siempre vinculados al bienestar de los míos.

No miento al decir que todos los días doy gracias a Dios por tantas bendiciones en mi vida. Por tantas personas que quiero y que me quieren. Comprendo que todos los regalos que me da la vida no son solo para mi propio beneficio, que mi afortunada situación en este mundo representa una gran responsabilidad con todos aquellos que no han tenido las mismas oportunidades en la vida, con todos aquellos que se vuelven invisibles hasta que no llevan un nombre, una cara y una realidad palpable.

Es fácil caer en la trampa de ver a los necesitados como una idea, un intangible; algo lejano cuya circunstancia pasa desapercibida por las exigencias de mi propia vida. Es fácil conocer una realidad que se nos presenta de pronto en la televisión, en algún video, en alguna foto, e ignorarla porque la propia realidad dista mucho de esas circunstancias penosas y desagradables y suele ser mas urgente saber qué vamos a hacer para la cena, qué vestido vamos a ponernos en la próxima fiesta o cuándo vamos a encontrar el tiempo para cortarnos el pelo o arreglar el jardín. Pero cuando permitimos que esa noticia, esa circunstancia penosa, esa gente con hambre sea una verdadera realidad en nuestros días comprendemos que nada es más importante que ayudar, que nuestra situación no se ve afectada si decidimos hacer una diferencia real en la vida de otros que sufren día a día situaciones impensables.

Entonces los regalos, las cosas, las envolturas adquieren otro valor pues al visitar a una familia en verdadera necesidad, al envolver sus regalos, al ver la cara de incredulidad y genuino agradecimiento porque jamás han recibido y probablemente nunca más recibirán los regalos que con tan poco sacrificio adquirimos para ellos y que por si mismos no serán capaces de adquirir por su desempleo, su situación migratoria, sus sueldos mínimos, su falta de educación, su insignificancia al mundo de los que pueden, comprendemos el valor de las cosas que nosotros damos por sentadas.

Desde hace años ese contacto, esas compras, esas visitas han dado un verdadero significado para mi a la Navidad. Dar sin esperar, sin preguntar, sin juzgar, dar con gratitud, con amor a quien tan poco tiene, deja un saborcito a paz en el alma y a la vez mueve a un compromiso que no debiera limitarse a una sola vez por año.

Si pudiésemos todos crear una conciencia menos egoísta, menos consumista, menos narcisista, si pudiéramos entender que no son los gobiernos, ni las instituciones las que deben la diferencia, sino nuestro propio proceder, probablemente podríamos hacer del mundo un mejor lugar más agradable no solo para los que reciben, sino también para nosotros mismos.

Esta Navidad deseo con todo corazón, que todos los míos, mi adorable familia y mis queridos amigos descubran la genuina alegría que nace de dar a aquellos que tan poco tienen.

Que Diciembre pase lento, sin prisa, en paz.

Feliz Navidad.

    Print       Email

Eventos

Regresa el Festival de Piano, ahora con Jazz y Pop

El Festival Internacional de Piano regresa en Octubre a Key Biscayne lueg[...]

Leer mas >

Life & Arts

Libro sobre Cuba, con varios capitulos de Key Biscayne, premiado en los Latino Books Awards

Juan Castro Olivera y Eduardo del Campo, premiados por el libro Entre La [...]

Leer mas >