Narciso Muñoz, por las calles de Miami

Nació en Buenos Aires y se crió en Recoleta, el barrio más chic en la capital argentina. Educación de primer nivel en el Colegio Champagnat, fines de semana en el campo familiar, rugby, salidas con amigos. No imaginaba entonces que varias décadas después estaría en Miami con ocho hijos y liderando un movimiento de ayuda a desamparados que ya ha sacado más de 200 personas de las calles.

Narciso era el mayor de siete hermanos y la quinta generación en llevar ese nombre, que luego daría al primero de sus hijos. “Cargaba con la responsabilidad de ser el mayor en casa y los mandatos familiares, pero me fui liberando de lo que piensan los demás y apostando a lo que creo”.

¿Que te gustaba cuando eras chico?

Tenía la fantasía de ser político. Quería ser presidente, jajaja. Era un poco tartamudo y me hacían bullying en el colegio. Encima, como tenia un axioma en la cara me decían “el guason”. Se burlaban de mi, pero bueno, eso te hace fuerte…

¿Siempre te interesaste por los necesitados?

No. En casa había un poco de prejuicios con los pobres. Mi abuela tenia un dicho: “A los pobres los quiero…. Los quiero lejos”. Había una creencia de que si la gente estaba mal o vivían en la pobreza era porque no habían hecho bien las cosas. Pero luego te vas dando cuenta que no es así. Las cosas suceden sin que lo esperes. En mi caso, lo que pasaba era que no veía a la persona detrás del homeless. Solo veía a un tipo mal vestido y con mal olor. Nunca había imaginado que esa persona había corrido alguna vez detrás de una pelota y le habían cantado el feliz cumpleaños. Un día empece a ver a esa persona que esta detrás del homeless.

¿Cómo comenzaste con esta tarea?  

Todo empezó porque quería hacer algo junto con mi familia, mostrarles una realidad distinta a la que vivimos cada día en que nada nos falta. Entonces fuimos a visitar a las hermanitas de Caridad, que daban de comer a personas que viven en la calle. Lo comenté con algunos amigos y quisieron sumarse y ahí empezó el movimiento. En una de las primeras salidas, viene mi amigo Dino y me dice: hay alguien que se llama Narciso. Yo creí que hablaba de mi hijo, que estaba con nosotros, pero no. Había un homeless que se llamaba Narciso. Él fue el primer homeless que sacamos de la calle, y eso fue para mí todo un signo. Un día hable con él y me dijo: “nunca entendí por que me pusieron Narciso. Pero ahora lo entiendo”. Eso me maravilló y ya no pude parar. Se empezó a sumar gente. Y llegamos a esto: Hoy hemos sacado unas 250 personas, y tenemos 40 personas viviendo en casas rentadas por la Fundación Hermanos de la Calle.

¿Cómo ves hoy este fenómeno de ayuda que generaron?

Hemos descubierto que funciona en un doble sentido. Ayudamos a los homeless que no tienen casa, y al mismo tiempo a muchas personas que tienen casa, pero no tienen hogar. Hay muchas personas que están solas. Una cosa es tener una casa, otra cosa es tener un hogar. Todos necesitamos de otros, una comunidad, ser parte de algo. Si vamos solos, no podemos.  

¿Hay momentos de cansancio, que dices como me metí en esto?

Jajjaja, si. Hay momentos que uno quisiera estar haciendo otras cosas y tiene que ocuparse de gente que necesita. Lo más cansador es cuando hay que pelear contra las drogas, es desgastante y la reincidencia es muy alta. Pero tengo la suerte de que Malena, mi esposa, es el motor de todo esto, ella esta muy involucrada y compartimos el proyecto.

¿Qué es para vos una persona exitosa?

Una persona exitosa es una persona que tiene paz interior, que logra vivir en paz consigo misma. La persona exitosa de verdad, tiene paz.  

¿Y cuál es tu fórmula?

Creo que lo fundamental es vivir como uno piensa, sin máscaras, sin estar ocupado hablando de banalidades, y sin comprometerse en nada. Hay gente que la rascan un poco y se va corriendo. Creo que hay que ir con la verdad por delante y no perder la paz. Y sobre todo no perder el tiempo porque nos galopan los caballos. Jajaja.

Entrevista publicada en CHICKB. Mas informacion en Fundacion Hermanos de la Calle

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