Michele Estevez: de terremotos a huracanes

Cuando Michele era niña su pueblo chileno fue sacudido por un terremoto. Muchos pobladores que vivían en casas de adobe y madera lo perdieron todo y fueron recibidos por sus padres. Aquel recuerdo de infancia selló la personalidad de esta auténtica rescatista.

“El epicentro del terremoto estuvo muy cerca de San Felipe, un pueblo agrícola donde vivíamos. Mi padre recibió a todo el mundo que no tenía donde vivir. Recuerdo que el patio de nuestra casa, que era muy grande, estaba lleno de gente. Yo tenía poco más de 10 años y esas vivencias me impactaron”.

De aquel terremoto en Chile al huracán Dorian que este año castigo a Bahamas, han pasado más de 50 años. Pero el desamparo es el mismo con el paso del tiempo.

Michele se emociona hasta las lágrimas cada vez que relata la travesía de la familia que rescató y que aún vive en su casa. Los Auguste perdieron todo por el huracán Dorian. El padre de familia llegó a Miami con un brazo cortado y quedó hospitalizado por semanas. La mujer y sus dos niños, de 2 y 8 años, fueron recibidos por Michele que no sólo les dio su casa, auto y teléfono, se encargó también durante semanas de buscar a los pequeños en la escuela y cocinarles mientras la esposa visitaba a su marido en el hospital Jackson.

En pleno huracán, mientras las marejadas cubrían todo, Erick Auguste le pidió a su familia que se sujetaran de él. Algo cayó y cortó su brazo. A su madre se la llevaron las aguas, y el logró contener la pérdida de sangre hasta que por milagro pudo ser traído a Miami con su familia.

¿Fue un caso que impactó mucho en la comunidad?

-Si. Mucha gente se unió para solidarizarse y ayudarlos. Hoy están bien, pero siguen desamparados, sin saber que va a pasar si tienen que regresar a Bahamas. No sólo ellos no tienen nada. Marsh Harbour, el pueblo donde vivían, fue arrasado.

Tras el paso de Dorian, Michele viajó seis veces a Bahamas como parte de los operativos que programó la Key Biscayne Community Foundation para llevar alimentos, ropa y todo tipo de ayuda.

Siempre que hay una situación de emergencia estas tu ayudando. Te involucraste muchísimo cuando fue el terremoto en Haití.

“Si, fueron como dos años. En esa ocasión reuníamos las donaciones en contenedores y la enviábamos. Viajaba a Puerto Príncipe y colaboraba en la distribución. Fue muy duro, era una situación de extrema pobreza y necesidad. La gente estaba desesperada por ayuda, por alimentos”.

Michele llegó a Miami desde un pueblo agrícola de Chile cuando tenía 22 años.  “Cuando recién llegue, Miami era un sitio peligroso, y también había bastante crimen en la isla”.

Eran años que Miami estaba dominada por señores de la droga y mafias que movían grandes sumas de dinero. Michele trabajaba en el antiguo Rusty Pelican como hostess y pensó que algún día se instalaría en la isla.

“Me recibieron muy bien desde siempre. No había ningún chileno entonces y pocos latinos. Yo desde el inicio me involucre en la comunidad y organice grupos de crime watch primero, luego estuve en la iniciativa para convertir en K-8 a la escuela publica que era hasta 4to grado. Y fui una de las primeras crossing guards de la escuela, que no existían”, se ríe, mientras revuelve cajas de fotos viejas de la isla y se encuentra con la última fiesta que se organizó en el hotel Sonesta la noche antes que lo cerraran.

¿Cuál es tu filosofía de vida?

-Hay que dar para recibir y respetar para ser respetado. Hay que ser simple para tener riqueza, y sembrar dando el ejemplo para cosechar felicidad.

ENTREVISTA PUBLICADA EN CHIC KB