Relatos

Laberintos del hombre amado

LAS SEIS Y CUARTO

Por Ana González

La luz tenue del amanecer entra tímida entre las persianas. Sé que quedan pocos minutos de sueño y no quiero moverme para aprovechar hasta el último segundo de placidez bajo las sabanas tibias.
En el lento despertar de la conciencia advierto que él se ha levantado ya. Escucho sus callados pasos hacia mi lado de la cama y siento el roce de sus labios en la frente, sus dedos acarician mi cabeza, deposita otro beso en mis labios.

-Adiós nena, son las seis y cuarto.

Sin abrir los ojos lo despido con un susurro inteligible haciendo un esfuerzo por llevar mi brazo hacia su cuello.
Siento su fresca fragancia y abro los ojos para encontrarlo impecablemente vestido.
Acaricio su recién rasurada mejilla y vuelvo perezosa a cerrar los ojos. Escucho la puerta principal abrir y cerrar. El motor de su auto al encenderse.
Pienso que han pasado tan solo un par de minutos cuando la vibración insistente del celular me alerta mostrando un mensaje de texto.

-Seis y media flojita, ¿ya te levantaste?

-Si miento.

Finalmente salgo de la cama para empezar el día, una taza de café tibio me espera en la cocina.

Despertar niños, hacer desayunos, empacar almuerzos. Hacer camas, recoger la ropa, ir a la tintorería, trabajar, ir al doctor, llevar el auto a servicio, hacer ejercicio, supermercado, pagar cuentas, almorzar, llevar niños a actividades extra escolares, ver amigas, tomar café. Lavar ropa, consultar celular, 7pm: -Nena, salgo en 10 min. Besos. Hacer cena, encender vela, esperar, comer en familia, hablar, recoger, leer, reflexionar, abrazar, dormir.

– Adiós amor , seis y cuarto. Un beso, un te quiero. Un mensaje de texto.

Cada mañana cinco días a la semana, se levanta y se alista al igual que millones de hombres en el mundo.
Salen de casa para cerrar negocios, construir edificios, planear estrategias, vender y comprar. Tratar con gente amable, con algunos intransigentes, ganar dinero, perder inversiones, producir alimentos, empacar, sembrar, cargar, manejar, transportar, defender derechos, curar enfermos, procurar justicia, enseñar, escribir…

Comen a deshoras, se muerden las uñas, sudan angustias, celebran logros, contratan personal, despiden empleados, piden trabajo. Viajan, buscan nuevas oportunidades, inventan, presentan proyectos, aprueban gastos. Solicitan préstamos. Contestan correos, aran la tierra, apagan incendios, barren calles.

Exitosos, felices, frustrados, desesperados, con energía, agotados. Plantean soluciones, crean problemas, brindan por el éxito, meditan derrotas.
Ya sea por la familia o por su desarrollo profesional, por dinero o por poder, por perseguir un sueño, por tener un estatus, por placer, por vencer desafíos, por orgullo, por religión o por vanidad. Se levantan, se alistan y salen de casa.
Ya por construir un mundo nuevo , por dejar huella en la vida, por amor a la naturaleza, al arte, por la pasión de un anhelo, por niños mas sanos, por los viejos olvidados o por el amor de una mujer.

Millones de hombres pasan la mayor parte del día trabajando por diversas razones, beneficiando a millones de personas.
Algunos lo hacen para que otros tengan: una casa, una cama con sábanas tibias donde descanse la mente y el cuerpo, celulares, una cafetera, educación para los hijos, desayunos, almuerzos y cenas, autos , ropa que llevar a tintorerías, acceso a atención medica y medicinas, esparcimiento para los hijos, paz mental, libros que leer, dinero para pagar las cuentas, lavadoras, computadoras, armonía.

Se piensa y con razón, que proveer para la familia es su obligación, que dar casa, comida, ropa , educación, sustento a los hijos y a las esposas es parte del gran compromiso de ser padres y esposos. Sin duda. Como también creo que deberá ser obligación de hijos y esposas parar un minuto para reconocer y agradecer a todos esos hombres trabajando, por su valiosa contribución al bienestar del hogar en particular y del mundo en general.

Son las seis y cuarto. Escucho sus callados pasos hacia mi lado de la cama y cuando se acerca a despedirse lo atrapo en un abrazo inesperado.

-Gracias, le digo llenándolo de besos mientras él me sonríe extrañado.

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2 Comments

  1. Ivan Pulido dice:

    Espectacular !!! Que sabroso escribes.

  2. Cristina Alegre dice:

    Felicidades!!
    La frescura y sentimiento con el que escribes nos hace sentir que aterrizas en letras lo que muchas mujeres pensamos. No dejes de hacerlo.

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