Relatos

La mirada de Papá

Por Ana González –

Dicen que a las mujeres nos nace el sentimiento de madres antes que a los hombres el de padres.
Debe ser cierto, pues nuestro cuerpo nos lo recuerda constantemente desde la primera etapa del embarazo.
También es cierto que en una familia el padre, más que nadie, percibe los cambios físicos de la mamá.
Día a día los humores y los volúmenes se van alterando. Esos cambios también son un recuerdo constante de la nueva vida que se ha formado, con la participación de dos y el milagro de un Dios que nos debe tener mucho cariño, sobretodo confianza, al otorgarnos su más preciada creación.
Hay un cambio sutil que las mujeres podemos notar en los hombres cuando les florece la paternidad. Es de una dulzura indescriptible, y se manifiesta por el resto de la vida.
La mirada de papá. Una mirada que difiere de aquella que se ilumina con el amor de pareja; distinta a la que denota triunfo, orgullo o esperanza. Es una mirada que grita la mezcla de sentimientos para los que no existen palabras. Dominada al principio por el descubrimiento de una emoción nueva, única.
Ser papá engrandece y fortalece, da a los hombres la capacidad de hacer cosas que jamás imaginaron podrían ser capaces de hacer.
Hay quienes lo manifiestan en las largas jornadas, en las noches de insomnio, en los días de tormenta; hay quienes se vuelven todo dulzura, jugando a las muñecas o lanzando pelotas.
La vida con hijos es una montaña rusa, con retos, lecciones, regaños, tristezas, triunfos, fracasos, alegrías, sin sazones, expectativas, enseñanzas y decepciones.
En cualquier situación, si se observa con atención, será posible descubrir la grandeza del amor en la mirada de un papá.
Ya sea que se haya estrenado en el momento en que sintió a su hijo moverse en la barriga de mamá o al escuchar por primera vez los latidos de su corazón, o en el momento en el que conoce por primera vez a esa nueva personita que le ha puesto a mil la cabeza y el corazón.
Es misma que se ilumina al escuchar a su hijo por primera vez llamarlo papá, al verlo dar sus primeros pasos, dejarlo por primera vez en el jardín de niños; en la universidad o frente al altar.
Esa sutil y callada mirada que grita un amor único se manifiesta solo en los ojos de un padre.
Conforme pasa la vida la mirada de papá no solo aparece cuando los hijos están presentes, es suficiente mencionar su nombre o traerlos al recuerdo para poder ser testigos de ese amor puro que se expresa en la luz de sus ojos.
Llantos, alegrías triunfos, fracasos o sin sabores; nada puede empañar ya ese amor perfecto de un padre.
Cuánta grandeza se esconde en las miradas de tantos hombres a quienes hoy y siempre admiro y respeto.
Es cierto las mujeres desarrollamos el sentimiento de maternidad más temprano que los hombres la paternidad, pero una vez que despierta el amor paternal, es imposible borrarlo de la mirada de un papá.

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1 Comment

  1. Martha dice:

    Bello y sensible tierno y fuerte gracias

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