Relatos

Festejos para siempre

chiles-en-nogada

Por Ana González

VERDE, BLANCO Y COLORADO.

Aunque todos los cumpleaños merecen fiesta, se le ha dado una especial atención al festejo que marca el inicio de la cuarta década de vida. Mi querida prima decidió que no tendría una gran fiesta sino un año de jubileo lleno de eventos especiales. Tuve el privilegio de ser la anfitriona de uno de ellos lo cual me dio la maravillosa oportunidad de recibir en casa a tías y primas.

Uno de los placeres que ha unido a las mujeres de mi familia desde siempre, es cocinar en equipo y como mis visitas son poblanas, cocinan exquisito y la temporada encajaba como anillo al dedo, nos dimos a la deliciosa tarea de elaborar uno de mis platillos favoritos: chiles en nogada.

Los chiles en nogada son un plato típico, que ha sido considerado como uno de los más finos y representativos de la gastronomía mexicana. Se podría decir que es una expresión culinaria del barroco poblano. Es un platillo con tradición histórica, una delicia que solo se disfruta un par de meses al año.

La temporada inicia en agosto y concluye a finales de septiembre. El origen de este singular platillo se remonta a los tiempos del ocaso de la lucha de independencia, cuando Agustín de Iturbide visitó Puebla después de firmar en Córdova, Veracruz, los tratados que culminaron con la independencia de México.

La patria muchas veces la llevamos en la sangre, otras en el corazón o en la barriga, pero también es importante darle cabida en la mente para que los que vivimos lejos no olvidemos los orígenes y podamos compartir con nuestros hijos nuestra historia. Por ello quiero dejar en líneas un brevísimo relato de la independencia de México.

Cabe aclarar que no fue cinco de mayo, como erróneamente se promueve en Estados Unidos, sino dieciséis de septiembre de 1810, la fecha que marcó el inicio del movimiento por la independencia de México en la ciudad de Dolores, estado de Guanajuato.

Miguel Hidalgo y Costilla, sacerdote católico, incitó a la rebelión contra la corona española que había dominado al país por más de trecientos años. El ejercito independentista estaba formado por un pequeño grupo de: indios (hijos de padres y madres indígenas), mestizos ( hijos de un padre o madre español y un padre o madre indígena) y criollos (hijos de padres españoles nacidos en la Nueva España-México) que en su mayoría carecían de instrucción militar y estaban pobremente armados con instrumentos de labranza.

A falta de una bandera, Hidalgo utilizó como estandarte la imagen de la virgen de Guadalupe. Después de cuatro meses al pequeño grupo se les habían unido alrededor de cien mil insurgentes y contaban con una centena de cañones.

Hidalgo fue tomado prisionero y fusilado en marzo de 1811, a pesar de su trágica muerte y de la muerte de otros líderes principales (Allende, Aldama y Jiménez). El movimiento de independencia no paró. En el momento de la disolución del primer ejercito insurgente ya había surgido otro movimiento comandado por José María Morelos y Pavón quién fuera alumno del cura Hidalgo en el colegio de San Nicolás.

La lucha por la independencia de México continuó con varios caudillos y terminó once años después de haber sido iniciada el 27 de septiembre de 1821, con la entrada del Ejercito Trigarante a la ciudad de México.

Fecha que coincidía con el cumpleaños del Emperador Agustín de Iturbide a quien al pasar por Puebla se le recibió con singular banquete.

Las hermanas agustinas del Convento de Santa Mónica fueron las encargadas de confeccionar un platillo que hiciera alusión a la bandera de la patria recién estrenada, en el cual debían resaltar sus colores: verde, blanco y rojo.

Las monjas eran famosas por su fervor culinario, por ello hicieron una cuidadosa selección de ingredientes que ofrecía la temporada en todos los rincones poblanos: nuez de castilla, chile poblano, queso de cabra de Zacapoaxtla, picadillo de cerdo de Cholula, pasta seca de durazno de Huejotzingo, manzanas de Zacatlán, peras carmelitas, perejil de Atlixco, granadas de Tehuacan entre otros. Dando origen a un platillo que hizo y cuenta historia.

En mi cocina inundada de aromas deliciosos, llenas de risas, de relatos, de historias, con los ingredientes que logramos reunir de los rincones de Miami, tal vez no tan poblanos y con el mismo fervor de las agustinas logramos recrear esa inigualable mezcla de sabores dulce y salado que representa los colores de la bandera mexicana. El verde del chile poblano y el perejil, el blanco de la salsa de nuez (nogada) y el rojo por los granos de la granada.

Un banquete elaborado minuciosamente para agasajar a los héroes que nos dieron patria que se repite año con año en todo México y por primera vez en mi cocina para festejar a nuestra heroína del año por el inicio de su cuarta década y por la eternidad de su sonrisa.

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