Relatos

Estrellas fugaces que pasan por nuestra vida

lightningstar

Por Ana Gonzalez

La conocí al principio del ciclo escolar, desde entonces procuro ir a visitarla todos los martes por la tarde al lugar donde mi hija menor hace servicio social.

Es un sitio grande, feo pero lleno de vida. Una construcción tipo bodega que ha sido adaptada para que los niños de edad escolar asistan después del colegio. Allí hacen tareas, pintan, leen, juegan y hasta cocinan. Tiene techos altos y las divisiones de las áreas están hechas con paneles o muebles, decorados con obras de arte infantiles, que no pasan de un metro de altura; así que desde cualquier punto es posible observar todo lo que pasa alrededor. El ruido puede ser abrumador.

La mirada de los niños me atrae, me fascina su compañía; deben saberlo porque casi siempre conectamos con facilidad.

La primera vez que me senté junto a Lucía, me sorprendió su concentración. En una área abierta con más de 50 niños entre cinco y doce años es fácil distraerse.

Estaba haciendo una tarea de matemáticas. Noté que enderezó la espalada cuando se dio cuenta de que la observaba.

Sin quitar la vista de su cuaderno me dijo que se llamaba Lucia, que iba en el primer año de primaria y que tenía siete años. Desde ese momento nos hicimos amigas. Hemos platicado mucho de nuestros colores favoritos, de los animales que nos asustan, de los niños que le quitan su borrador solo para molestarla y de su familia.

Que las conversaciones entre adultos y pequeños sean frívolas o intensas depende de la paciencia y la atención de la persona mayor.

No hemos tenido mucho tiempo para convivir, tan solo una hora a la semana, algunas veces ni siquiera eso pues hay actividades en las que yo no participo y otros niños con los que también me gusta convivir, sin embargo cada vez que nos vemos nos abrazamos con cariño.

La semana pasada llevaba colgado un collar cuyo dije era la imagen plástica de la cara de Mimi Mouse a colores. Cuando nos saludamos hice un comentario exagerado respecto a su prenda. Con la belleza de su mirada acentuada por la alegría que le provocaba el collar y sabiendo que me sorprendería aún más, me mostró como al accionar un pequeño botón en la parte posterior, el collar se iluminaba.

Alguna compañera había festejado el cumpleaños y les había obsequiado a las asistentes los collares luminosos.

«El mío era de Frozen, me explicó entre emocionada y solemne –Frozen es su película favorita- pero mi mejor amiga de toda la vida, la mejor de siempre para siempre, lo quería también, asi que se lo cambié por este de Mimi Mouse»

Su generosidad me conmovió.

«Eres una muy buena amiga Lucía, estoy segura de que tu amiga estará muy agradecida»

Me regalo aquella adorable sonrisa sin dos dientes, me tomó de la mano y nos sentamos a trabajar.

Lucía es sumamente brillante para su edad, las tareas que a sus compañeros les cuestan trabajo o no logran entender, ella las termina en pocos minutos, mientras lo hace me explica cuál es su técnica para encontrar las palabras que deben de completar las oraciones.

«Ahora hay que hacer una frase con las palabras del vocabulario» indicó al leer los deberes anotados en su agenda.

La primera palabra: ratón.

Se queda unos instantes pensativa deja el lápiz y me platica.

«Las ratas en mi casa hacen mucho ruido -me aterra la naturalidad con la que habla del tema- van del cuarto a la cocina se esconden siempre tras el refrigerador, algunas veces las veo correr»

«No me gustan las ratas Lucia, me asustan mucho» Se que debí haber hecho un comentario más apropiado pero no pude pensar en otra cosa.

Continuó explicándome como las ratas son más grandes que los ratones. Toma nuevamente el lápiz, comenta que al hacer una frase es importante usar los nombres de los amigos o de cualquier persona y no solo el propio. Escribe:

A Ana no le gusta el ratón le da mucho miedo.

Me fascina ver como va mas allá del esfuerzo requerido elaborando sus oraciones como si fueran pequeñas historias.

Pero no solo es brillante en las asignaturas de lenguaje, también es buena en matemáticas y ciencias.

Una tarde, al terminar las típicas tareas de primer grado y marcar en su agenda con una raya roja las que ya había completado la invité a que coloreáramos juntas una mariposa.

«Me hace falta una tarea todavía, explicó, sacando de su mochila un cuaderno que no había visto antes, la de mi clase de italiano. Tu sabes que además de inglés y español también hablo italiano? bueno estoy aprendiendo todavía» Corrigió modesta.

Esa tarde aprendí algunos colores en aquel idioma en el que solo sé pedir comida.

Otra tarde la note cansada, «Qué pasa Lucia, no dormiste bien?»

Coincidimos en lo difícil que resulta despertarse temprano los días de semana y lo fácil que es despertar aun mas temprano los fines de semana.

Me cuenta que el sábado se despertó antes de las seis, que ella es la que se despierta mas temprano en casa y por eso su mamá la deja ver una tele chiquita que esta en su recamara.

Sé que tiene cuatro hermanos, uno de ellos esta sentado en otra área del salón, trabajando. Le pregunto si ellos también se levantaron temprano. Sus ojos me narran una historia que no llega a su boca.

«Solo dos, mis otros hermanos están ahora en otra casa con mi papá»le acaricio la cabeza y sonrío, esperando que la mirada pueda expresar lo que mi boca calla.

Me pregunta si sé cómo dibujar un caballo, lo intento y coloreamos juntas sin hablar.

En unos días habrá un concierto para celebrar el fin de curso, Lucia participará tocando el violín, no se siente nerviosa porque todavía tiene muchos días para practicar.

Mientras leo un cuento en una esquina del salón me percato que alguien le a quitado el collar de Mimi Mouse, dejo el libro y me paro furiosa para enfrentarle, antes de que llegue Lucia lo ha alcanzado, le ha pegado tres gritos y ha recuperado su collar. Me siento orgullosa de mi amiga.

Lucía se ha ganado mi admiración y por eso quiero dejar constancia en estas lineas, porque ella es como muchas otras estrellas fugaces en mi vida que pasan regalándome momentos extraordinarios que después suelo olvidar.

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