Relatos

El regalo del amor, en dias de Navidad

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Por Ana Gonzalez

Algunas veces es difícil encontrar el verdadero espíritu navideño, ése genuino sentimiento de paz interior que trae consigo el recuerdo del nacimiento de nuestro Salvador. Difícil particularmente este año que somos testigos de los horrores que viven millones de seres humanos a causa de las guerras y toda clase de injusticias.
Tal vez por eso es que me empeño en involucrarme en proyectos que me pongan en contacto con personas menos afortunadas, para acordarme que los regalos que me ha dado la vida no son para mi gozo exclusivo, que siempre, siempre, es posible hacerle la vida más fácil a otro ser humano conocido o desconocido. Lo importante es tener acciones que nos recuerden que todos somos hermanos, que de una forma u otra estamos conectados y que nos preocupamos unos por otros.
Confieso que las prisas, los preparativos y el calendario escolar se robaron parte de esa alegría que suelo sentir año con año.
Pero la Navidad es fiel, aunque parezca que esta contaminada por el consumismo, y por los compromisos absurdos.
Jesús tiene siempre una forma sutil de hacerse presente para llenar nuestro ser de esa anhelada paz.
Se manifiesta en diversas personas, en distintos eventos y si nos mantenemos alertas llamará nuestra atención, no solo en Diciembre sino cualquier día.

Hace veinte años dos personas a las que quiero mucho, Alexandra y Jose, unieron su vida en matrimonio y tuvieron la acertada idea de festejar junto con su familia y amigos la renovación de sus lazos matrimoniales.
Una fiesta metida en este diciembre tan turbulento.
Que bendición haber sido invitada a esta ceremonia que parecía no corresponder a la temporada. Qué comercializada esta mi cabeza que sistematiza la vida.
¿A quién se le ocurre casarse dos días antes de la Noche Buena, cuando debiéramos estar concentrados en las compras, los regalos, la cena?
Y fue precisamente allí, en ese mágico momento en el que escuchábamos las coherentes palabras del sacerdote, quien había sido el oficiante en la boda hace veinte años, que todo cobró sentido en mi corazón.
Con liturgias que no corresponden a la temporada llego el regalo ansiado a mi corazón.
“Dos personas que se han criado en distintas familias, que tienen costumbres diferentes, que han crecido en hogares ajenos, de pronto se conocen, se enamoran y deciden unirse para crear una nueva familia”, nos dijo Monseñor Hernando.
“Más valen dos que uno solo porque si uno de ellos cae, el otro lo levanta. Uno solo puede ser vencido, pero dos pueden resistir, la cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente”, nos ensena la Biblia en Eclesiastés 4.
“Podríamos buscar a los eruditos y a los estudiosos de la Biblia para que nos expliquen qué significa esa cuerda de tres hilos. Pero para mi es muy sencillo, cada vez que los novios se acercan al altar llegan dos y cuando salen de la Iglesia ya son tres, el esposo, la esposa y Cristo que será compañero fiel en esa nueva unión”, continuo Monseñor Hernando.
“Porque es indispensable tener una presencia divina que nos ayude a salir de las tribulaciones y los problemas a los que inevitablemente nos enfrentaremos las parejas a lo largo de la vida matrimonial”.
“Recuerdo estar paseando por alguna provincia española y escuchar el incasable ruido del río, me di cuenta que, ese ruido lo provocan las piedras que intervienen con la fluidez del agua que corre.”
“Así también en el matrimonio, los problemas, las discusiones las diferencias son piedras que provocan ruido en ese fluir del amor.
Piedras que se van quedando en el camino para hacer que el amor aunque parezca disminuir, las esquive y salga de ellas con más fuerza”, dijo el sacerdote.

El matrimonio es amor, sacrificio, lucha, pero sobre todo es alegría.
Eso lo descubre solamente aquel que ha estado enamorado de su conyugue. Que más que cumplir con un requisito, disfruta uno del otro.

“Las personas se pasan la vida rogando a Dios por un milagro, esperando la respuesta a la solución de algún problema. Y no se dan cuenta que ese milagro ya se ha realizado”, dijo Monseñor Hernando.

Cristo desde siempre, nos ha dado el milagro del amor. De ser capaces de querernos de hacer lo impensable, casi lo imposible por la persona amada.

“El amor es paciente y bondadoso. El amor no es envidioso ni jactoso, ni orgulloso. No se comporta con rudeza, no es egoísta, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad sino que se regocija con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor jamás se extingue”, (Corintios 13).

Cuando nos damos cuenta que somos capaces de amar de esa forma a una pareja, a un amigo, a un padre, a un hijo, a nosotros mismos, a Dios.
Cuando sabemos que a pesar de nosotros mismos tenemos la bendición de amar, descubrimos el hermoso regalo de la Navidad.
Gracias Ale y José por darnos esta bella oportunidad de recordar el amor en la víspera de la Navidad. Gracias Monseñor Hernando porque, sin querer, al renovar los lazos matrimoniales de nuestros amigos, preparó nuestro corazón para celebrar el nacimiento de nuestro Salvador.

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