Relatos

Como en una Lavadora, dias de colores mezclados

Por Ana Gonzalez

Lo primero que hay que saber antes de lavar ropa en lavadora es separar los colores. Parece una regla obvia, pero no creo haber sido la primera ni la ultima persona que la primera vez que hizo uso de una máquina de este tipo, por ignorancia puso dentro toda la ropa sucia, sin importar el color o la textura.
El resultado fue una nueva colección de prendas contagiadas de colores ajenos, no muy atractivos.

En esta época las lavadoras tienen todo un sistema de operación que requiere estudio. Es posible hacer combinaciones casi científicas entre el tiempo de lavado, la temperatura del agua, la velocidad del ciclo, los diferentes materiales de las telas. Algunas cuentan con una opción para sopesar la carga y determinan solas el tipo de lavado mas efectivo.

rsz_lavadoraHay días que pasan sin que siquiera lo notemos, por la rutina y la sucesion de eventos sin sorpresa. Se que me levantaré a las seis de la mañana, prepararé desayunos y almuerzos, seguiré mi programa en el trabajo, haré ejercicio, almorzaré con las amigas, recogeré a las niñas del colegio, pasaré la tarde haciendo labores caseras o llevando a la pequeña a sus actividades extraescolares, por la noche cocinaré, cenaremos en familia, leeré un par de capítulos del libro en turno y me dormiré arrullada por el corazón de mi esposo.

Días que pasan en cierta paz, con eventos cotidianos que no sobresaltan el espíritu. Son días de lavado regular a temperatura media, con una carga para los colores claros, otra para los oscuros y una tercera para la ropa blanca. Se lava, se seca, se dobla y se guarda casi sin darnos cuenta, con un ritmo y una fluidez que solamente se extraña en los días de caos.

Hay otros dias en los que un evento especifico llena mi sentir. Días alegres que la llegada de mi hija mayor de visita ilumina mi sonrisa, aun cuando la rutina sea la misma, esta empapada por ese pacifico sentir de saber que estamos todos juntos de nuevo, durmiendo bajo un mismo techo.
Días en los que un buen partido de futbol de mi hijo llena el ambiente de una energía positiva, divertida, de risas y conversaciones fluidas.
Días de orgullo cuando la pequeña de los tres sobresale en alguna actividad académica y nos comparte con satisfacción sus logros, acompañándolos de comentarios que sorprenden por su intelectualidad.
Días de alivio en los que se confirma un negocio en la oficina de mi esposo que nos permitirá seguir proporcionándoles a nuestros hijos la educación necesaria para que sean adultos independientes.
En concreto son días felices, lavado de una sola carga a colores, con agua fría, enjuague y centrifugado.

Hay otros días tristes, pesados. Donde el dolor físico o espiritual se funde entre la rutina llenando el ambiente de un sentimiento sombrío, por la ansiedad, la enfermedad, el fracaso, la tristeza.
Días en los que los problemas de cualquiera de los cinco nos afectan a todos, una mala nota en un examen, discusiones entre amigas, malos negocios, dolores de espalda, crisis en familiares o amigos.

Días de lavado de sabanas y toallas, carga pesada, doble ciclo, doble enjuague.

Ayer tuve uno de esos días en los que la vida de pronto se amontona con sentimientos tan intensos y variados que es imposible darles escape por la incoherencia que se vive.
De rutina en la mañana porque mi pequeña sigue asistiendo al colegio, pero con la alegría y la satisfacción que me produce haber culminado otro ciclo escolar, en mi trabajo sabiendo que me espera un verano de mañanas perezosas, largas lecturas, amigos, familia, playa y vino.
Contenta por haber sido invitada a media mañana a la graduación de octavo grado de una niña que adoro y que había sido escogida para hablar a sus compañeras de generación, haciéndolo tan bien que me llenó el corazón.
Molesta al salir por el descuido de mis hijos que me obligo a cambiar mis planes haciendo que pasara mi primer día sin trabajo dando vueltas por la ciudad.
Dolorida por ese dolor de espalda que me invadió de pronto en medio de un sin fin de compromisos ineludibles impidiéndome descanso.
Triste, muy triste en la misa por la muerte de una mujer admirable, donde el desconsuelo de la familia, principalmente el de su hija y su nieta me rompió el corazón.
Contenta porque la pequeña de los tres había culminado el ciclo escolar y había ganado un reconocimiento importante en el colegio.
Preocupada porque mi hija mayor necesitaba que le depositara dinero para un gasto imprevisto que representaba un desbalance en mis finanzas.
Angustiada por una mala decisión de un miembro de mi familia que podría tener consecuencias graves.
Agradecida por los brazos de mi esposo que me daban refugio en el insomnio mientras trataba de dar salida a todos los sentimientos acumulados por la heterogeneidad de mis emociones.

Días en los que aún sabiendo que es importante separar la ropa por colores, se metió todo junto a la lavadora y los blancos quedaron grises, los rojos color rosa y los negros… esos siempre siguieron negros.
A veces quisiera ser como una lavadora moderna, que solita sopesa y lava efectivamente la carga.

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