Relatos

Amistad Inquebrantable en los pasos del Camino de Santiago

santiago“Nunca el mismo camino fue recorrido con la misma intensidad en los pasos”

Por Ana Gonzalez

Hace veintisiete años desde distintas latitudes y por distintas circunstancias nuestros pasos nos llevaron a Toledo. Descubrimos una ciudad hermosa, muy distinta a la que hasta entonces habitábamos. España, sus sabores y sus costumbres su calidez y su fiesta nos abrió los brazos y nos dio el escenario perfecto para forjar una amistad de esas que perduran y no mueren.
Fueron meses casi mágicos en los que separadas de todo aquello que nos era familiar fuimos capaces y libres para encontrar nuestro verdadero yo, nuestra fiel esencia. Descubrimos y nos descubrimos auténticas. Pudimos separar lo que los demás esperaban de nosotros de nosotras mismas y nos encontramos tal cual, para fomentar una amistad transparente sin caretas, honesta. Viajamos, reímos, lloramos. Aprendimos, tanto de la cultura del país que nos albergaba, como de la de los países que nos vieron nacer. Una mezcla de acentos y palabras que aun en el mismo idioma suenan nuevas.
Como lloramos esa tarde al despedirnos, cuando cada una partía de regreso a su casa, cuando supimos que los mágicos días de Toledo terminaban, que esa enigmática ciudad que creíamos nuestra era solo prestada.
De las despedidas siguieron largas cartas, fugaces llamadas telefónicas y afortunados reencuentros aquí y allá.
El tiempo fue pasando fuimos formalizando profesiones y familias, algunas pudimos asistir a la bodas de otras, pero cada año nos fuimos separando más. Cada una con sus rutinas sus problemas sus éxitos y malos ratos.
Separadas por la distancia pero nunca de corazón afrontamos enormes penas y grandes alegrías.
Nunca la tecnología fue más humana, hasta el día en que pudimos reencontrarnos en un espacio irreal. En una conversación cibernética grupal. En un vulgar “chat” .
Cada una con distintas cualidades con diversas historias y con un millón de pendientes, nos conectamos para ponernos al día pero sobre todo para planear nuestro reencuentro.
Siempre es importante tener a alguien persistente, perseverante, una mosca en la oreja que no da descanso hasta que se le hace caso. Con esa constancia y entusiasmo una de ellas no dio tregua hasta que las cinco compramos el boleto de avión para volvernos a ver en España.

Desde Argentina, México, Puerto Rico, Nueva York y Miami llegamos al lugar que nos unió por primera vez.
Volé sola hasta Madrid como no lo hacía desde hacía veintisiete años y con las horas de vuelo iba aumentando mi emoción, mi ansiedad a la vez que me iba desprendiendo de los años, de las cosas, de los compromisos, de esa vida que me fue absorbiendo casi sin que me diera cuenta.

El primer abrazo de reencuentro consumió cualquier nerviosismo que pudiera existir y nos fundió mágicamente en esa amistad que habíamos forjado hacia tantos años.
Al tomar el tren de Chamartin a Sarria éramos ya las mismas de antes, sin importar nuestra apariencia, nuestros éxitos o fracasos, nuestra situación social, económica, nada. Nada importaba, nada de lo que nos había convertido en esposas, madres, señoras, profesionistas, exitosas o fracasadas. Mágicamente fuimos esa esencia que encontramos cuando teníamos veinte años libres incluso de los padres y los hermanos.

Pocas son las ocasiones en las que se logra encontrar la esencia del yo.
Sin saber muy bien porque, decidimos que nuestros pasos se reencontraran en el camino a Santiago. No pudimos escoger mejor plan. Levantarnos temprano por la mañana y caminar por senderos rodeados de paisajes que quitan el aliento, hablando, cantando, bailando. Sin distracciones, sin conexión en el celular, sin autos; rodeadas de preciosa naturaleza, de gente sencilla, simple, cordial. Recordando Toledo y creando nuevos recuerdos.

Recorrimos largas distancias que algunas veces sentíamos acumuladas en el cuerpo que tal vez quería quejarse, pero que no lo lograba pues el éxtasis del corazón daba energía para miles de pasos mas.

Largas noches de platicas y risas en pijamas, de confesiones, de hermandad. Que simple puede ser la felicidad.
Sentadas tomando cerveza en algún parador, caminando en silencio, abriendo con sinceridad el corazón, hablando con esa libertad que da el saber que no serás juzgada, sabiéndote querida por ser como eres, tal y como eres. Sin presiones de compromisos de ningún tipo, alejadas de un mundo que nos exige tanto y nos hace correr sin sentido.

Así respiramos el camino, contagiando a nuestro paso alegría, paz y curiosidad. Cuántas personas se acercaron para conocer nuestra historia, cuantas otras nos contaron las suyas .
Fuimos aprendiendo paso a paso en el camino. Pero sobre todo fuimos recibiendo con los brazos abiertos los regalos que durante esos días nos puso en bandeja la vida. Valorar y vivir el momento, llenarnos los pulmones de aire puro, los ojos de coloridos paisajes, la boca de delicias culinarias, los oídos de cantos y sentidas pláticas, la piel del calido sol gallego y sobre todo el corazón de alegría y agradecimiento.

No hizo falta maquillaje , ni tacones, ni ropa fina, ni secadora de pelo, que libertad ser como uno es por dentro y por fuera sabiendo que lo que vale, lo mas hermoso de nosotros mismos, no se esconde ante los ojos de quienes nos quieren realmente como somos.
Fuimos por el camino dejando libre también al espíritu, libre de creencias forzadas, de ritos, de reglas, fuimos dejando florecer esa frágil esencia del yo, conectándonos con el olor de una flor, con el sabor de una fruta recién cortada, con el color de los senderos, con la infinidad del cielo, con el contacto del agua helada del arroyo en los pies. Con la ingenuidad de nuestros sueños.

Dejando junto con las piedras por el camino nuestras angustias, nuestras preocupaciones, nuestras plegarias y nuestras intenciones.
Cuantas personas nos pidieron oración mientras estuvimos en el camino. A todos los llevamos con confianza y cariño en el corazón, no por nuestro peregrinaje que fue mas que nada un privilegio sino por la certeza de que cualquier oración desde cualquier corazón tiene el mismo efecto.

Dicen que cuando las cosas vienen de Dios te dan paz, son armónicas. Sin duda Dios nos acompañó en el camino. Llegamos casualmente a casi todos los sitios que debíamos llegar, se nos abrieron cientos de puertas que no sabíamos que la mayor parte del tiempo permanecen cerradas, salio el sol donde suele llover. Hablamos con personas que resolvían nuestras dudas sin siquiera preguntarles. Puedo decir sin llegar a exagerar que vivimos días de plena felicidad. Alejadas de todo y a la vez cerca de nosotras mismas.

La llegada a Santiago fue agridulce, cansadas y ansiosas nos tiramos en la plaza frente a la catedral con el corazón pleno pero con la nostalgia de que se nos había terminado el camino.
Después de veintisiete años regresamos a Toledo, a la fundación donde nos conocimos. No solo nos abrieron las puertas, nos dejaron subir al torreón donde tantas tardes pasamos hablando, riendo y cantando. Cuantos atardeceres habíamos ignorado en aquella lejana juventud. El que se nos presentó esa tarde nos dejó sin habla. No hacían falta palabras o mejor dicho no existen las palabras para expresarnos, afortunadamente todas sentíamos lo mismo.

Es cierto que la vida se va de prisa, que la ultima vez que habíamos estado allí no teníamos esposos, ni hijos, ni profesiones ni mil máscaras. Pero también es cierto que el alma no envejece que seguimos siendo las mismas.

Teníamos veinte años cuando cruzamos por primera vez aquellas puertas para saber quienes éramos. Veintisiete años después pudimos redescubrir que a pesar de la vida nuestra esencia sigue ahí. Que la edad nos ha dado la sabiduría para saber apreciar cada segundo juntas y que tal vez en calidad pudimos compartir mas en pocos días que en varios meses de aquellos años mozos.

Llenas de energía, de amor, de paz, volvimos con mucha nostalgia cada una a su ciudad, no sin antes llorar los ojos en la despedida comprometidas para reunirnos muy pronto. Reforzadas en el cariño.
Hay contratos y promesas, pero nada tan inquebrantable como los lazos invisibles de una autentica amistad.

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1 Comment

  1. Maria Elena Marquez dice:

    Gracias por compartir esa experiencia con un estilo que llega natural. Gracias por la inspiración hacia esa aventura y genuina transformación.

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