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Adiós al buen amigo y emprendedor solidario

Hector-RolottiEl fallecimiento de Héctor Rolotti deja un inmenso vacío en la comunidad argentina y latinoamericana de Miami, que tuvo el privilegio de compartir muchos años con este emprendedor de inmensa nobleza, entregado a su familia, sus amigos, y que cultivaba un profundo espíritu solidario.
Héctor Rolotti, de 47 años, «el gato» para sus amigos, era un generador de acciones positivas allí donde estuviera y participaba activa y personalmente en gran parte de los eventos de ayuda a países de América Latina que se organizan a menudo en Miami.

En un viaje de meditación a la India junto a su mujer y algunos amigos, encontró su destino trágico en las aguas sagradas del río Ganges. Su cuerpo fue hallado el sábado tras cinco días de búsqueda desde que desapareció el lunes cuando en una acción solidaria rescataba a una mujer que era arrastrada por la corriente, y él mismo terminó atrapado por el río.

Héctor nació en Córdoba, pasó su infancia en la capital provincial y su adolescencia en la ciudad de La Cumbre. En esa ciudad cordobesa cursó la secundaria en el colegio inglés San Pablo, del que le quedó un recuerdo “espectacular”, según dijo al diario La Voz, en 2007.

“Se hacen amistades muy fuertes en ese tipo de colegios. Con mis ex compañeros podemos andar por cualquier parte del mundo y no nos vernos por años, pero nos juntamos y parece que fuera ayer”, contó en esa entrevista.

Rolotti inició su actividad en Estados Unidos en 1988 con un trabajo en una agencia de viajes en Nueva York. Tenía 23 años y un espíritu aventurero y emprendedor.
“Vivia en el Soho y encontré el local donde abrimos el primer Novecento”, un pequeño café que llevaba un nombre inspirado en la película de Bernardo Bertolucci.
Era 1991 y en el local se vendía café, empanadas, helados y postres. «La idea era poner un local que representara una porción de la Argentina en Nueva York», recordó Rolotti en una entrevista con el diario La Nación.

El secreto del rápido éxito del entonces café Novecento, contó Rolotti, era el café. Servían expreso y capuchino en una zona donde sólo se conseguía café americano de filtro, “jugo de paraguas”, según lo llamaba con humor Rolotti.
“El nuestro se convirtió en el café del barrio, hasta que empezaron a aparecer todos los argentinos que andaban de viaje”, repasó.

El café se convirtió rápidamente en restaurant y llamó la atención de grandes figuras del espectáculo como Robert De Niro, Brad Pitt, Kevin Spacey o Willem Dafoe que llegaron en busca de sus empanadas, milanesas y lomos, preparados «como en casa».

Un amigo argentino que vivía en Nueva York se volvió a Buenos Aires y se asoció con él para abrir el primer Novecento en Argentina. Fue en Las Cañitas, cuando el barrio estaba lejos del boom gastronómico que surgió después. Mientras, en el Soho neoyorquino creció la competencia y Rolotti recibió una oferta de 250 mil dólares por su negocio; la rechazó. Consiguió inversiones y en 1996 abrió un local en Punta del Este y en 1999, otro en Córdoba.
Luego llegaría a Miami, donde abrió varios restaurantes y se instaló con su mujer Mora Barber y sus tres niños.

¿Cuál es el secreto de Novecento? «Creo que lo fundamental es que se trata de un lugar bien real. En un mundo donde todo es virtual, éste es un ambiente donde se puede volver a las cosas sencillas, a la amistad, a conocer gente, a comer algo rico y a tomarse un buen vino», resumió.

Con esa premisa consiguió el éxito y supo armar un emporio que le permitió continuar la cadena de restaurantes en Argentina, Uruguay, México, además de varios locales abiertos en Miami, entre ellos en Brickell y Key Biscayne.

(Con información de Novecento Group, La Nacion y Clarín).

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